El presidente de la Conferencia episcopal francesa abrió el encuentro con un saludo a León XIV, en el que reiteró que los franceses son muy conscientes del «precio de la guerra», pero también saben que la reconciliación siempre es posible, contra todo pronóstico. Hablando de la reconciliación en Alemania y Francia en la postguerra dijo: "Se necesitó mucho valor y audacia para avanzar, después de tanto sufrimiento"
Vatican News «Quienes han emprendido “el camino de la paz” en la Europa de posguerra han extraído de su fe cristiana en la Resurrección la certeza de que la muerte jamás tendrá la última palabra sobre nuestra “magnífica humanidad”, puesto que Cristo vino para que el mundo tenga vida».
Estas fueron las palabras del cardenal Jean Marc Aveline, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, durante su discurso de bienvenida al Papa León XIV en el encuentro «En las raíces de Europa por la paz y la unidad» que tuvo lugae en el Centro de Congresos Schuman.
La elección de esta escala en Francia tiene un trasfondo, afirmó el purpurado francés. «Había incluido Metz entre las muchas ciudades de Francia» que el Santo Padre «podría haber visitado, como Ars, Lisieux, Lyon, simplemente indicando “Metz”».
Una parada en Lorena le habría permitido «evocar la guerra y la paz, Europa y la reconciliación.
Y durante otra conversación, aquella en la que tuvimos que elegir, usted me dijo: “¡Metz, por Europa!”». [ In Evidence ] «Ante todo», añadió Aveline, «estamos aquí, no en un lugar que albergue instituciones europeas, sino en una región, Lorena, donde, sobre el humus de una tierra ensangrentada por la guerra y el odio, han florecido audaces anhelos de reconciliación entre los pueblos.
Robert Schuman aquí, Alcide De Gasperi en Italia, Konrad Adenauer en Alemania y tantos otros en toda Europa», recordó, «permitieron que estas intuiciones dieran origen a instituciones, que escaparan del ciclo infernal de la venganza y sentaran las bases de una nueva esperanza».
A continuación, el cardenal mencionó cómo las raíces de Europa están profundamente arraigadas en el cristianismo. «Durante siglos, Europa se ha forjado, gracias al genio de sus pueblos, en la diversidad de sus lenguas y culturas, y a través de una constante confrontación entre fe y razón. ¿Y quién podría ignorar, en la diversidad de los componentes espirituales de Europa, el inmenso papel del pueblo judío, cuya contribución intelectual ha sido tan grande y cuyo martirio tan espantoso?». [ In Evidence ] La sed de paz El presidente del episcopado expresó entonces su gratitud por la presencia de los líderes de las diversas confesiones religiosas presentes en Francia, quienes «deseaban demostrar su compromiso ecuménico e interreligioso compartido al servicio de la paz a través del diálogo y la fraternidad.
El Llamamiento de Metz, que acabamos de firmar», explicó Aveline, «hace eco del que jóvenes de 135 países le presentaron a la UNESCO al comienzo de su viaje, dando testimonio de la sed de paz que anima a tantos jóvenes en todo el mundo, incluidos los del Mediterráneo —judíos, cristianos y musulmanes— a quienes ella vino a alentar el año pasado a bordo del buque escuela para la paz, el Bel-Espoir, en el puerto de Ostia».
Finalmente, el cardenal reiteró que los franceses son muy conscientes del «precio de la guerra».
Pero también sabemos que la reconciliación siempre es posible, contra todo pronóstico: ¿quién hubiera imaginado que entre los pueblos alemán y francés, ambos heridos el uno por el otro, podría nacer una sólida amistad como la forjada entre Robert Schuman y Konrad Adenauer?
Se necesitó mucho valor y audacia para avanzar, después de tanto sufrimiento, por este camino de reconciliación.
Pero la historia nos enseña —como usted escribe en su encíclica— que «incluso en las noches más oscuras, el Señor suscita hombres y mujeres capaces de no rendirse y de perseverar en la bondad». [ In Evidence ]