A un año de la muerte de Luis Dri, el legendario confesor de Buenos Aires y cardenal, monseñor Óscar Ojea celebró misa en el Santuario que dirigen los frailes capuchinos.
Lucas Schaerer “Venías a confesarte y él te agarraba la mano”, le confió un laico a monseñor Óscar Ojea cuando terminó este martes 30 de junio, por la tarde-noche, la misa que celebró por el primer aniversario del fallecimiento de Luis Dri, el legendario confesor de Buenos Aires que a los 96 años fue elegido cardenal por el Papa Francisco. La ternura del Padre confesor revelada ante quien fuera dos veces el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) refleja el lema que lleva la tumba del fraile capuchino Dri, dentro del mismo Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, “compasivo y misericordioso”. “A Luis lo conocí hace diez años atrás, más o menos. Fue monseñor Bressanelli que me dijo, luego que se murió mi confesor, ‘anda a Pompeya. Siempre está el Padre confesando", contó desde el púlpito el obispo emérito Ojea, acompañado por otro obispo emérito, Andrés Stanovnik, y los sacerdotes con hábito marrón de la comunidad capuchina. “Uno venía con el Padre Luis a contarle sus temores, debilidades o problemas y él te recibía siempre, por su amor y alegría al hermano, a la iglesia. Un día le conté que veía a la Virgen, allá en el camarín, bien abajo, a sus pies, porque quería que ella me mirara a los ojos. Luis me respondió ‘más que mirarla tenés que agarrarte de sus pies’. Esa respuesta tan sabia y sencilla nunca la olvidé”, agregó monseñor Ojea, sin funciones episcopales, aunque hombre de consulta diaria en el gobierno de la iglesia argentina y como pastor en diversas parroquias de la Ciudad de Buenos Aires como en los barrios de la periferia en el conurbano bonaerense. Ojea, al final de su prédica, explicó que llevó al Papa Francisco a elegir a Dri cardenal: “El Santo Padre Francisco lo eligió como su consejero, lo quería tener cerca con sus oraciones” y añadió otra anécdota personal con Dri que reveló su alegría: “lo llamé por teléfono después de una caída. Me respondió que estaba bien porque se había caído sobre un brazo, pero tenía el otro y que se había golpeado una pierna pero que contaba con la otra. Que la cadera después verían los médicos y que la cabeza lo más bien. Con esa respuesta salía Luis, siempre fiel a su ministerio y a la iglesia a la que amaba”. Al concluir la misa los presentes se acercaron a la tumba del gran confesor y cardenal para recibir allí la bendición con agua bendita.