Una conversación con el vicario del Patriarcado Latino que reside en Amán: "Si no hay justicia y paz para el pueblo palestino, viviremos siempre en crisis".
Andrea Tornielli Un oasis de paz en medio de los vientos de guerra de Oriente Medio.
Un país de mayoría musulmana donde los cristianos viven respetados y se sienten plenamente ciudadanos.
Una tierra hospitalaria que acoge a tres millones y medio de refugiados de una población de once millones de personas, y que se prepara para celebrar, en 2030, el bimilenario del Bautismo de Jesús.
Así describe el obispo Iyad Twal, vicario patriarcal para Jordania, la situación de su país.
Twal se encuentra en Roma para participar en los trabajos de la Conferencia de Obispos Latinos de las Regiones Árabes (CELRA).
En su entrevista con los medios de comunicación del Vaticano, habla en primer lugar de las consecuencias de la guerra entre EE.
UU. e Irán. «Geográficamente, Jordania está en medio...
Junto con el Gobierno y el rey, hemos intentado mantener la normalidad de la vida cotidiana.
No hemos cerrado las escuelas ni las universidades… hemos seguido viviendo.
Ha habido un aumento de los precios, pero esto no nos afecta solo a nosotros.
Hemos perdido la posibilidad de tener un turismo normal, porque todo el movimiento turístico, incluido el turismo religioso y las peregrinaciones, ha sufrido un frenazo.
El hecho de encontrarnos en el centro también nos ayuda a mantener una relación de moderación con todos».
Cercanos al pueblo palestino El vicario patriarcal de Jordania habla de la situación en Palestina: las bombas que siguen cayendo sobre Gaza, la violencia constante perpetrada por los colonos israelíes contra la población de Cisjordania.
Los cristianos se sienten parte de ese pueblo. «Formamos parte de la diócesis de Tierra Santa, del patriarcado latino de Jerusalén.
Ellos son nuestros hermanos, son nuestras hermanas, y vivimos juntos la dura realidad de lo que está sucediendo.
Rezamos siempre por ellos e intentamos ayudarles, también en el día a día.
En nuestras escuelas siempre hemos intentado acoger a nuestros hermanos palestinos que han venido a Jordania, que son muchos.
Jordania se ha convertido ya casi en un oasis de paz: tenemos refugiados sirios, iraquíes, tenemos muchos egipcios y libaneses».
El obispo cuenta una iniciativa llevada a cabo «gracias a la ayuda de muchísima gente: traer a doce estudiantes, jóvenes de Gaza, que habían terminado el bachillerato en nuestra escuela de Gaza, en nuestra parroquia.
Hemos podido sacarlos de la Franja y ahora están en Jordania, en nuestra universidad de Madaba.
También hemos ayudado con una donación al ejército jordano, que cuenta con tres hospitales de campaña en Gaza, y esperamos que, gracias a esta misión de asistencia sanitaria, podamos traer a algunos niños a Jordania.
Al igual que todos los demás países de Oriente Medio, sabemos muy bien que, si no hay justicia ni paz para el pueblo palestino, siempre viviremos en crisis.
Por eso trabajamos y rezamos por la paz y la justicia para todos.
Son momentos difíciles, estamos en vísperas de elecciones tanto en el lado israelí como en el palestino: esperamos que con los nuevos líderes haya un soplo de aire fresco y de esperanza».
La religión no es el problema «La religión en Tierra Santa —señala Twal— a veces se considera motivo de violencia, en el sentido de que no es difícil encontrar fanáticos en todas partes.
Sin embargo, creo firmemente que la religión debe ser la solución, no el problema: creer en Dios es una forma de acercarse al otro.
La Tierra Santa no es santa por sus piedras, es santa porque los hombres viven la santidad.
Esto es lo que debemos transmitir a todos nuestros hermanos cristianos, a nuestros hermanos musulmanes y judíos: creer en Dios significa cercanía hacia todos.
La presencia cristiana es muy importante en nuestra región: es nuestra misión, nuestra vocación.
El Santo Padre nos ha dicho que no importa cuántos seamos, lo que cuenta es nuestra fidelidad a Dios y nuestro testimonio en medio de esta realidad tan rica en diversidad.
Ser cristianos árabes en Oriente Medio forma parte de nuestra identidad, que permanece incluso si uno emigra a Europa o a Estados Unidos».
Bimilenario del bautismo de Jesús Todo el país se prepara para celebrar, en 2030, los dos mil años del bautismo de Jesús, administrado por Juan el Bautista.
Los arqueólogos han identificado el lugar: se trata de Al-Maghtas, también conocido como Betania más allá del Jordán. «Este aniversario —explica Twal— es un acontecimiento histórico; todos nosotros en Jordania estamos involucrados en los preparativos.
El rey ha creado una comisión nacional presidida por el primer ministro y se están invirtiendo casi 120 millones de dólares para construir un pueblo junto al lugar del bautismo de Jesús, donde se encuentran las iglesias.
Para nosotros, como Iglesia, es importante destacar la experiencia espiritual: todos los cristianos del mundo están llamados a renovar sus promesas bautismales.
Nos estamos preparando y hace unos días anunciamos la apertura de una oficina para peregrinos, destinada a todos nuestros hermanos y hermanas que vienen a visitarnos a Jordania, con el fin de servirles de punto de referencia y ayuda a la hora de organizar un itinerario de viaje y visitar los lugares más significativos.
Y también para ponerles en contacto con nuestras parroquias, con el fin de fomentar el intercambio espiritual entre los peregrinos y la Iglesia local.
Por eso, para nosotros es una gracia histórica.
Está la historia de la salvación y está la geografía de la salvación, como siempre la llama nuestro patriarca, el cardenal Pizzaballa.
Vivimos estas dos dimensiones: la historia y la geografía.
Con mucha alegría, con mucha fe… Estamos pensando en proponer también un itinerario bíblico cada año, desde ahora hasta 2030, que gire en torno a los grandes profetas de Jordania: Moisés, Elías y Juan el Bautista.
Para luego, después de 2030, mirar hacia 2033, el gran Jubileo de la salvación por los dos mil años de la pasión, muerte y resurrección de Jesús».
Jordania, un mensaje El obispo recuerda además que Jordania, en sí misma, representa hoy también un mensaje de convivencia pacífica entre creyentes de diferentes religiones. «Es cierto, no es que finjamos, es la vida cotidiana que vivimos: la tranquilidad, la paz, la apertura, la moderación.
De vez en cuando también tenemos problemas aquí, pero es normal, los hay en todas partes, incluso en Europa.
Pero Jordania es un ejemplo, y no debería ser algo extraño, así debería ser todo Oriente Medio.
La riqueza que tenemos —las religiones, las culturas, la diversidad en Oriente Medio— es una riqueza para toda la humanidad.
El mundo entero debe ayudarnos a ver las diferencias como una fuente de riqueza, de humanidad, como un bien común.
Sí, Jordania es realmente un mensaje y esperamos seguir así, seguir adelante.
La cruz pectoral que llevo es una réplica de la cruz hallada en Wadi Feynan, un valle del sur de Jordania donde ya existía una comunidad cristiana en el siglo II; por eso, ahora, como obispo de Amán, me enorgullece decir que soy pastor de una Iglesia que se remonta al siglo II.
Una historia tan rica constituye un elemento fundamental de nuestra identidad en Oriente Medio».