Pizzaballa: Cisjordania es una «tierra sin ley»

  • Home
  • -
  • Noticias
  • -
  • Pizzaballa: Cisjordania es una «tierra sin ley»
Pizzaballa: Cisjordania es una «tierra sin ley»
Fonte: VATICANO

El patriarca latino de Jerusalén interviene en la última jornada del Meeting de Rímini para pedir un mayor compromiso diplomático por parte de Occidente con el fin de frenar la espiral de violencia en Oriente Medio y reiterar la necesidad de fomentar la esperanza y el diálogo interreligioso desde la base, rechazando la deshumanización del otro y apoyando la solución de los dos Estados.

Vatican News Cisjordania es ya «una tierra sin ley», la tensión entre los colonos y la población palestina no deja de aumentar, y lo que está ocurriendo carece «de todo control desde el punto de vista de la seguridad y la legalidad».

Y que «existe una situación de agresión continua por parte de los colonos es un hecho demostrado».

El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca de Jerusalén de los Latinos, interviene en la última jornada del Encuentro por la Amistad entre los Pueblos en Rímini, reuniéndose primero con los periodistas y dialogando después con un grupo de jóvenes. «Occidente debe ayudar a ampliar un poco la perspectiva, a crear perspectivas de futuro, y también a frenar esta deriva continua con un esfuerzo diplomático cada vez mayor», subraya el cardenal, señalando que la diplomacia, a pesar de «toda su debilidad», sigue siendo «la única forma de intentar resolver el conflicto que evite el uso de las armas, la violencia y la fuerza militar».

La mirada del patriarca se dirige hacia Gaza, donde la situación «se ha deteriorado muchísimo» y sigue siendo «humanamente muy devastadora», aunque, sin embargo, se mantiene «más estable desde cierto punto de vista; a nivel político se debate mucho».

Pizzaballa invita a no confundir la esperanza con el optimismo ni con la expectativa de una solución inmediata: «No debemos confundir la esperanza con un “todo irá bien” ni con una solución política.

La esperanza es otra cosa».

Surge, explica, «desde dentro», de los encuentros y de las personas, «israelíes y palestinos, judíos, musulmanes y cristianos» —tal y como ocurrió durante los días del Meeting— que deciden comprometerse «para hacer algo bonito, para ayudar, para apoyar, o incluso simplemente para negarse a deshumanizar al otro».

La solución de los dos Estados, Israel y Palestina, reiterada por el Papa, afirma a continuación, «es la única forma de reconocer a los israelíes y a los palestinos el derecho a tener una casa en su tierra». «Tarde o temprano, el Papa vendrá a Tierra Santa —añade— es cuestión de tiempo.

Creo que es necesario preparar las condiciones para esta visita, para que realmente dé sus frutos.

Trabajaremos en ello junto con el Santo Padre, pero creo que no hay que precipitarse y que también hay que evitar gestos llamativos que se quedan ahí, sino que deben integrarse en un proceso significativo».

La lógica deshumanizadora de la guerra En el diálogo con tres jóvenes, al final de la jornada, en un acto titulado «Contemplando el cielo de Jerusalén», el cardenal responde a las preguntas de una estudiante milanesa, de un joven estadounidense y de un estudiante de bachillerato de origen ucraniano que vive en Rímini, formuladas a partir de las reflexiones de su Carta pastoral «Regresaron a Jerusalén con gran alegría», publicada el pasado mes de abril y dirigida a su diócesis, que abarca Israel, Palestina, Jordania y Chipre.

Hay que impedir —dice, respondiendo precisamente al joven de Ucrania— que la lógica deshumanizadora de la guerra se convierta en «tu forma de pensar, de sobrevivir», pues «la guerra roba a los jóvenes los años más bellos de su vida, cuando no les quita la vida misma.

Esto es cierto para Ucrania, pero también para Oriente Medio.

La guerra tiene sus propias dinámicas, que te embrutecen.

Se expulsa al otro, porque si el otro es humano y está cerca de ti, resulta difícil atacarlo» y «la dinámica de la guerra no debe apoderarse de la conciencia». [ In Evidence ] La paz no es un eslogan Lo que es necesario, subraya Pizzaballa, es «evitar reducir la paz a eslóganes y también a enfoques ingenuos ante una realidad compleja» como la de Oriente Medio y no solo.

Porque la paz requiere acciones políticas que tienen sus propias dinámicas.

Y, por otra parte, la política se basa en equilibrios, intereses y relaciones de poder, pero el problema surge cuando se reduce a intereses partidistas y equilibrios de fuerzas, «y las consecuencias son evidentes», prosigue.

Entonces se necesita a alguien que alce la voz, «que recuerde cuál es el bien común», el cual «no debe ser ignorado ni olvidado».

Y en Oriente Medio se ha perdido el sentido del bien común, subraya el patriarca, y parece que lo que guía a las instituciones es lo que es bueno para uno mismo, para la propia formación política.

Por eso, los líderes religiosos deben recordarlo: la política es también la sociedad civil y, en un momento como este, en el que las instituciones políticas muestran debilidad e incapacidad para trabajar por el bien común, es necesario cambiar de discurso.

Estar presentes para los demás en el dolor También se le pregunta al cardenal Pizzaballa cómo se afronta el dolor en una realidad como la de Oriente Medio, cómo mantenerse firmes.

La respuesta es mirar a la cruz, «el lugar donde Jesús fracasa humanamente, pero que para nosotros es fuente de salvación» y de donde brota la resurrección, partiendo de la premisa de que el dolor en Oriente Medio es el de las relaciones rotas y el de la violencia que se vive, el de las personas que ya no están, el de la sensación de impotencia ante diversas situaciones. «Porque no se puede hacer todo»: no se puede llegar a todas partes, no se puede ofrecer ayuda como se desearía.

La oración, entonces, es el lugar donde entregar la propia impotencia, señala el patriarca, y cuando uno cae, cuando piensa que ya no puede más, debe mirar a Cristo y «volver a empezar».

En el dolor es importante no dejar solo a quien sufre; más que muchas palabras, lo que cuenta es estar presente.

La esperanza nace del corazón Pero, ¿cómo mantener viva la esperanza?

En el contexto de Oriente Medio, «tan desgarrado, cargado de odio, rencor y penurias», no es fácil cultivarla, y el cardenal precisa además que «no es una solución a los problemas», la cual, por otra parte, aún no se vislumbra en el horizonte. «Hay que ser realistas porque la situación se ha deteriorado», reconoce, precisando que la esperanza «no es la espera de algo que debe venir de fuera, nace del interior del corazón, es hija de la fe, es la conciencia de no estar solos, es, en la fe, la presencia del encuentro con Cristo en la población, en los rostros, en las asociaciones, en las comunidades que se implican para hacer algo juntos».

Como los jóvenes de la Universidad Pública de Gaza con los que el patriarca se reunió recientemente, llenos de vida y de ganas de vivir —y «eso es fuente de esperanza»— que coinciden en considerar que hay que rechazar la violencia.

El verdadero diálogo interreligioso se da entre las personas Entre las preguntas formuladas al cardenal Pizzaballa también figuraba una sobre el diálogo interreligioso.

Este se desarrolla cuando nadie tiene «miedo de encontrarse con el otro», cuando, convencidos de las propias creencias, no nos sentimos amenazados y nos relacionamos con los demás «sin prejuicios».

El cardenal aclara que prefiere la expresión «diálogo interreligioso» y no «diálogo entre las religiones», porque quienes dialogan son los creyentes, partiendo de sus propias experiencias de fe; son las comunidades.

Hasta ahora han sido las élites las que han dialogado —judías, cristianas y musulmanas— observa el patriarca; en cambio, es necesario que el diálogo crezca entre la gente. «Tras la guerra de Gaza no se puede volver a como antes, ha habido muchas heridas e incomprensiones», señala, y por eso se necesitan «ocasiones a nivel local», para que crezca el diálogo, «porque allí nace y se crea algo bello y diferente».

Para mirar al otro de manera positiva es necesario encontrarse, no categorizar, anima Pizzaballa. “Cada uno en Tierra Santa se siente víctima y la única víctima, y esto es un círculo vicioso; el otro se convierte en un enemigo.

La primera violencia nace en el corazón y en las palabras”, destaca también el cardenal, quien invita a no categorizar a las personas como “judíos, musulmanes, palestinos, creyentes, no creyentes”.

En cambio, es necesario encontrarse con las personas, con sus historias, emociones y relaciones, “y esto ayuda a no generalizar”. “Necesitamos testigos dentro de nuestras comunidades que permitan superar las fronteras, que existen, pero que no deben ser impermeables - resume el cardenal - necesitamos personas que creen brechas”.

Es necesario salir del círculo vicioso de sentirse las únicas y solas víctimas y de ver a los demás como victimarios.

Saber escuchar múltiples voces Para comprender y juzgar los acontecimientos actuales, frente a las numerosas polarizaciones y las noticias falsas, Pizzaballa considera necesario “escuchar múltiples voces”, también porque los algoritmos suelen hacer que cada persona lea únicamente aquello que le interesa.

Por eso es importante escuchar también las voces “con las que no estamos de acuerdo”, saber evaluar el lenguaje de los demás y comprender si es agresivo y deshumanizador y, por lo tanto, no seguirlo. “Pero es un trabajo que hay que hacer continuamente en Medio Oriente”, donde “nada es como parece y todo es muy complicado”.

La purificación de la memoria Entre los temas de la carta pastoral del patriarca que se profundizan durante el diálogo también se encuentra la “purificación de la memoria”.

Para el patriarca latino de Jerusalén, esto “no significa olvidar el pasado, sino que no se debe permitir que este hecho de dolor y de injusticias marque el futuro y las interpretaciones de la historia”.

En Medio Oriente existen diferentes narrativas, que incluso pueden no ser compartidas, pero no se puede negar la interpretación de los hechos que hacen los demás.

También se debe evitar que, mediante una lectura equivocada de la historia, se justifiquen decisiones motivadas por el resentimiento para las generaciones futuras. “Debemos entregar a las nuevas generaciones un pasado redimido, concluye el cardenal.

Esto es necesario y decisivo, en todos los niveles: en las universidades, en las escuelas, en las mezquitas, en las iglesias y en las familias”. Finalmente, frente a la indiferencia, “hace falta pasión, que es contagiosa”, y también hacen falta “alegría y amistad”.

Síguenos

Acervo Católico

© 2026 - 2026 Acervo Católico. Todos los derechos reservados.