En una declaración dirigida ayer, 1 de julio, a las Naciones Unidas, el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente en Ginebra, reiteró el compromiso de la delegación vaticana de revisar la Convención sobre Municiones de Racimo, armas que "siguen cobrándose innumerables vidas inocentes". "La lucha contra estos artefactos", afirmó, "constituye una contribución significativa a la paz desarmada y desarmante".
Daniele Piccini – Ciudad del Vaticano La Convención sobre Municiones en Racimo puede contribuir a construir "una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante", como abogó el Papa León XIV, especialmente mediante un enfoque centrado en la persona, "ofreciendo apoyo a los afectados y reconociendo su sufrimiento". Así, el arzobispo Ettore Balestrero, Nuncio Apostólico y Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales en Ginebra, expresó ayer, 1 de julio, el compromiso de la delegación vaticana de combatir el uso de estos artefactos explosivos. Armas que se cobran vidas inocentes En su declaración, el arzobispo Balestrero elogió la dedicación del equipo de la República Democrática Popular Lao en la preparación de la Tercera Conferencia de Examen de la Convención sobre Municiones en Racimo. Asimismo, señaló que estas armas no solo atacan al personal militar, sino especialmente a civiles y niños. «Al situar a la persona humana en el centro», afirmó el Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra, «esta Convención encarna el verdadero espíritu humanitario de cuidar y defender las necesidades de los más vulnerables y de quienes sufren las consecuencias de la crueldad del conflicto». El desarme, un requisito previo para el desarrollo integral Neutralizar estas armas es, por tanto, un requisito esencial para posibilitar el desarrollo económico y personal de todos, incluidas las poblaciones más vulnerables. «Esto demuestra el vínculo inseparable», continuó el arzobispo, «entre el desarme y el desarrollo humano integral. Desde esta perspectiva, la Santa Sede se propone promover la aplicación de la Convención, manteniéndose fiel al espíritu que inspiró su redacción». El arzobispo Balestrero también señaló que «muchos Estados Partes y no Partes de la Convención saben muy bien que el legado mortal de las municiones en racimo sigue afectando a innumerables vidas inocentes». Por lo tanto, propuso que la «familia de naciones» considere la «asistencia a las víctimas» como una «responsabilidad compartida», centrada en sus necesidades. Eliminar todos los obstáculos Finalmente, la delegación de la Santa Sede señaló con preocupación que el texto aún contiene ciertas formulaciones a las que hemos manifestado nuestra objeción de forma reiterada. Se trata de expresiones como «género y diversidad», «consideraciones de género» e «integración de la perspectiva de género». La inclusión de tales «referencias» en el texto de la Convención —«problemática también para muchos otros Estados Partes»— podría, según el arzobispo Balestrero, «representar un obstáculo adicional para su ratificación o adhesión, con consecuencias para la universalización de la Convención». ¿Qué son las municiones en racimo? La Convención sobre Municiones en Racimo es un tratado internacional adoptado en 2008 en Dublín y firmado el 3 de diciembre de 2008 en Oslo. Entró en vigor el 1 de agosto de 2010 con el objetivo de eliminar el uso de un tipo de arma que causa graves consecuencias humanitarias, especialmente para la población civil. Las municiones en racimo pueden ser bombas, cohetes o proyectiles que, una vez lanzados, se fragmentan en vuelo, dispersando decenas o cientos de pequeñas submuniciones en una zona muy extensa. También pueden alcanzar fácilmente a la población civil, ya que algunas de las submuniciones no explotan al impactar, sino que permanecen en el suelo como minas terrestres, continuando causando muertes e heridos incluso muchos años después del fin de los conflictos.